¿Por qué los hombres acudimos menos a terapia? – EP3

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¿Por qué los hombres acudimos menos a terapia? - EP3
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En el episodio 3 del podcast Psiconsejos vendo, en el apartado de género, hablaré sobre las posibles causas por las que acuden menos hombres que mujeres a las consultas psicológicas.

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¡Salud, Coraje y Amor!

Transcripción del episodio:

Hola, aquí estamos en el episodio número 3 del podcast, en el apartado de género. Y el tema que trataremos hoy será ¿por qué los hombres acudimos menos a terapia? Plantearé varias hipótesis y exploraremos, sobre todo, la referente al género. Dentro del género hablaré sobre una propuesta que habla de «norma y exclusión» y veremos también un modelo de masculinidad basado en una triple negación.

Para terminar, abordaremos qué consecuencias prácticas puede tener todo ello en el tema que nos ocupa: por qué los hombres acudimos menos a terapia.

Antes, me gustaría hacer apuntar que cuando hablo de hombres o de mujeres lo hago como colectivo, es decir, entendiendo que siempre es un grupo muy diverso.


Datos de partida

No he encontrado muchos estudios, pero entre los que he encontrado, decían que solo entre el 30% al 40% de las personas que acuden a terapia se identifican como hombres. En el otro lado, entre las personas profesionales de la psicología, el INE de 2020 indica de que por cada hombre se colegiaron casi 5 mujeres en ese año.

Pues vistos los datos, vamos a jugar un poco a ser detectives. Igual más estilo inspector Gadget que Sherlock Holmes, pero es hasta donde llego.


Tres Hipótesis:

1ª Hipótesis: ¿Puede ser que acudan menos hombres porque el precio de las sesiones en el ámbito privado es demasiado caro?

Bueno, viendo los datos referentes a la brecha salarial de género, no parece una hipótesis muy plausible. Así que la descartamos.

2ª Hipótesis: ¿Puede ser que los hombres como colectivo tengamos menos sufrimiento psicológico?

Hombres sufrimiento psicológico

Bueno, puede ser que debido a los privilegios que tenemos como hombres. Por citar sólo algunos de estos privilegios: una mayor seguridad económica y más tiempo libre. Según indican las encuestas de tiempo, aunque dedicamos más tiempo al trabajo remunerado, le dedicamos bastante menos tiempo a los trabajos no remunerados de cuidado, y de media tenemos un poco más de tiempo libre cada día.

Pero por contra, si miramos por ejemplo los datos de suicidio a nivel del estado español: 3 veces más hombres que mujeres se suicidan cada año. Y buena parte de esos suicidios se deben a un sufrimiento psicológico intenso.

Por otra parte, el abuso de sustancias adictivas es bastante superior en hombres que en mujeres, y parte de este consumo puede estar relacionado con una evitación de un sufrimiento psicológico y emocional importante. Así que esta segunda hipótesis tampoco me convence.

3ª Hipótesis: ¿Puede ser que la influencia del modelo de masculinidad hegemónica tenga algo que ver con todo esto?

Vamos a explorar esta posibilidad. Primero, cuando hablo de masculinidad hegemónica no me refiero a que sea el tipo de masculinidad mayoritario. La hegemonía se refiere a esa creencia de superioridad de los hombres frente a las mujeres. De ahora en adelante, para dejarlo más claro, hablaré de modelos de masculinidad machista o masculinidad tradicional.


¿Qué entendemos por género?

Serian las expectativas que tiene la sociedad respecto a cómo debe comportarse una persona, en base al sexo con que la leen. Así, si te leen como mujer, tendrían unas expectativas diferentes de cómo debes comportarte que si te leen como hombre. Durante el proceso de socialización, van premiando o castigando nuestros comportamientos en función de si cumplen o incumplen esas expectativas de género. Y así van moldeando nuestra conducta.

También sucede el llamado aprendizaje vicario donde observas qué conductas son premiadas o castigadas en otra persona. Y aprendes cómo debes de comportarse para no ser castigada/o en un determinado contexto. Un ejemplo de esto es el llamado bullying homofóbico, donde la persona no es agredida tanto por su orientación sexual, sino por comportarse según el estereotipo de homosexual que está extendido todavía.

De hecho, cerca del 70% de los niños adolescentes que declaraban sufrir bullying de índole homófobo se manifestaba como heterosexual. Otros niños que observan el bullying pueden decidir no comportarse de manera similar a la persona agredida para evitar recibir el mismo castigo.

Género

Modelo de Norma y Exclusión

Antes de continuar indagando en modelos de masculinidad machista, me gustaría hablar de un modelo de sexo-género propuesto por Miquel Missé. Dicho modelo tiene 2 columnas:

  1. Referida a la norma dentro de la sociedad: lo que es normativo, lo que está permitido, lo que se espera.
  2. Referida a las personas excluidas: las que no entran en esa norma, las personas transgresoras.

Consta también de 4 categorías:

  1. El sexo.
  2. La identidad de género.
  3. La expresión de género.
  4. La orientación sexual.
Norma binaria heteronormativa
La norma binaria

Veremos cómo la norma es binaria, y de ahí la crítica al binarismo sexual que quizás has escuchado en alguna ocasión. Y la parte de la exclusión se llama así porque son personas que son discriminadas y sufren distintos tipos de violencia por no encajar en dicha norma binaria.

1. Sexo

La norma divide la sociedad en hembras y machos, como el resto de animales. Entre los parámetros que nos definirían están los cromosomas, los órganos sexuales externos e internos y las diferentes cantidades de hormonas, de estrógenos y andrógenos. Ya empezamos a ver cómo el sexo, lejos de ser una categoría dicotomía binaría, no es tan fácilmente distinguible y se mueve a lo largo de un continuo. Existiendo así, muchas más opciones que esas 2 categorías iniciales.

Por ejemplo, a nivel cromosómico, más allá del XX para hembras y XY para machos, hay personas que solo tienen un cromosoma X, o XXX, o XXY, etc. También hay diversidad a nivel de órganos sexuales internos y externos y en los niveles de hormonación. Se calcula que 1 de cada 20.000 personas no entra dentro de la norma binaria, de macho y hembra. Son personas intersexuales y han sufrido muchas violencias a lo largo de su vida. Desde la asignación de sexo inicial en el que muchas veces les operaban aunque estuvieran completamente sanas. No tenían ningún problema para vivir, el problema residía en que la sociedad que no les aceptaba con el cuerpo que tenían.

2. Identidad de género

La norma divide entre mujeres y hombres. Y en la categoría de personas excluidas estarían las personas trans. Por meter algún «palabro» más, las personas en las que el sexo y la identidad de género concuerda dentro de la norma, es decir, personas que han nacido hembras y se identifican como mujeres, o personas que han nacido machos y se identifican como hombres, serian personas «cisgénero«. Yo, por ejemplo, soy un «hombre cis». Y las personas que no entran dentro de esa norma serían personas trans: hombres trans y mujeres trans.

3. Expresión de género

La norma dictamina que existe un «universo femenino» y un «universo masculino«, y está asociado tanto al sexo como a la identidad. Es decir, dentro de la norma se espera que si naces hembra, te identifiques como mujer y te muevas sobre todo por ese universo femenino. Y si naces macho, que te identifiques como hombre y te muevas por ese universo masculino.

¿Y a que me refiero cuando hablo de universo femenino o masculino? Son esas actitudes, esas formas de comportarnos, de vestirnos, de hablar, de cómo nos relacionamos con el resto, qué roles ocupamos. Y que están más vinculadas a lo femenino o a lo masculino. Estos 2 universos no sólo son dicotómicos, es decir, lo que entra en uno es el opuesto del otro. Si no que el universo masculino tiene más valor social, estando esto relacionado con el machismo, el androcentrismo y el patriarcado. De momento lo dejó aquí, ya iré poco a poco hablando de ello en otros capítulos.

Y dentro de las personas excluidas de la norma podemos encontrarnos a mujeres masculinas, a hombres femeninos, a personas andróginas que no se definen ni como masculinas ni como femeninas, a personas de género fluido, etcétera. Y por poner un pequeño ejemplo de la violencia que sufren: imagina qué palabras te vienen a la mente cuando piensas en un «hombre femenino». O con qué palabras has escuchado referirse alguna vez a una «mujer masculina». ¿Son palabras con una connotación positiva o negativa?

4. Orientación sexual

La norma dictamina que lo que se espera es la heterosexualidad, que sientes atracción por las personas del sexo opuesto, entendiendo que hay sólo 2 sexos dentro de la norma. Entre las personas excluidas estarían las personas gays, las lesbianas, las bisexuales, las asexuales, etcétera.

Problemas que genera el sistema Norma-Exclusión

problemas norma

Este sistema sexo género binario plantea 3 problemas principales.

El primero, como hemos visto, muchas personas quedan fuera de la norma y, por tanto, son discriminadas y violentadas.

Por otra parte, el universo masculino tiene más valor social que el femenino, se cree superior. Y eso está detrás de muchas de las violencias que sufren no solo las mujeres como colectivo, sino también otras personas que transgreden la norma de género.

Por último, esta norma establece una especie de itinerario: Si naces macho se supone que tienes que identificarte como hombre, ser masculino y heterosexual. Y si no cumples alguno de estos mandatos, eres castigado socialmente de alguna manera. Por lo tanto, es una norma que atenta contra nuestra libertad de ser y actuar como queramos.


Masculinidad machista como una triple negación

Habiendo aclarado un poco esto, me voy a centrar en un modelo de masculinidad machista planteado por la antropóloga francesa Elisabeth Badinter, que está basado en una triple negación. Es decir, la masculinidad machista no se define tanto por lo que es (en positivo) sino por distanciarse de lo que NO es.

Así ante la afirmación de «soy un hombre por qué no soy...» Badinter proponía 3 posibles respuestas.

1ª No soy un niño

«Soy un hombre porque no soy un niño». No se refiere tanto a la edad sino a las características estereotipadas que tiene el grupo de niños. Por ejemplo, un niño sería débil, sería dependiente, mostraría tristeza y miedo.

Por contra, un hombre debería de mostrarse independiente, proveedor, no necesitar cuidados y tomaría conductas de riesgo cuando le dicen «A que no hay huevos a…».

Imagina que estás con tus amistades en un acantilado de 10 metros y todo el mundo se tira al mar menos tú, porque te da miedo. ¿Cómo te sientes? ¿Cómo se maneja tu «hombría» frente a eso? Imagina que un niño de 10 años coge carrerilla y se tira sin menor problema. ¿Cómo te sientes tú cuando tus amigos te miran?

Masculinidad negación

2ª No soy una mujer

«Soy un hombre porque no soy una mujer». Y de nuevo no se refiere a la biología sino a las características estereotipadas del colectivo mujeres. Que podrían ser una mayor emocionalidad para mostrar miedo o llorar, una mayor expresión de afecto hacia otras personas, un mayor cuidado de los demás, una dependencia afectiva y económica, y cierta delicadeza.

Y por contra, un hombre no debería mostrar sentimientos de afecto, debería ser más frío, debería contenerse emocionalmente salvo para la ira. De hecho, encontramos mayores tasas de alexitimia (dificultad para identificar las emociones propias) en personas que se identifican como hombres más que en mujeres.

3ª No soy un homosexual

«Soy un hombre por qué no soy homosexual». Las características estereotipadas de las personas homosexuales están relacionadas con: la feminidad, la «pluma» (la plumofobia que existe), una emocionalidad mucho más desarrollada, o la delicadeza. De hecho, tiene bastante que ver con el grupo características estereotipadas de las mujeres.

En cambio, un hombre siempre tiene que mantener relaciones superficiales y con cierta distancia con otros hombres, por miedo a que su «virilidad» se ponga en sospecha.

¿Alguna vez te has planteado si hay diferencias en cómo se abrazan 2 hombres y 2 mujeres? ¿Es posible que entre los hombres allá menos cercanía física, incluso es posible que se den golpes en la espalda en vez de un abrazo más tierno?

Hombres terapia
Triple negación

Otro modelo de masculinidad machista

Otro modelo de masculinidad propuesto por el psicólogo Ronald Levant consta de 7 factores:

  1. Evitar la feminidad.
  2. Actitudes hacia homosexuales.
  3. Autosuficiencia.
  4. La agresión.
  5. El logro/estatus.
  6. Actitudes hacia el sexo.
  7. Emocionalidad restrictiva.

Como puede verse, hay bastantes similitudes entre ambas propuestas. Y para hacer un resumen de ambas, la masculinidad machista sería una especie de renuncia a lo femenino.


¿Qué pasos hacen falta para acudir a psicoterapia de manera voluntaria?

  1. Reconocer que estás mal, que está sufriendo. Por lo tanto, es necesario tener un buen contacto con lo que sientes, con las emociones propias.
  2. Reconocer que no puedes salir de esa situación por ti mismo.
  3. Solicitar ayuda.

Parece muy fácil y lógico ¿no?. Pero veamos qué trabas puede poner el modelo de masculinidad machista en cada uno de esos pasos:

hombre vulnerable

Ya hemos comentado que, en la norma, ese mundo emocional se refiere más al ámbito femenino, sobre todo emociones relacionadas con el miedo (muy presentes en problemas como ansiedad y fobia) y con la tristeza (presente en problemas como la depresión). De hecho, es más fácil ver en consulta a hombres que acuden para gestionar mejor problemas de ira que a mujeres.

Así, durante el proceso de socialización vamos aprendiendo a no mostrar ciertas emociones, en según que ámbitos. Principalmente en el de nuestros iguales: personas de misma edad y mismo sexo.

¿Qué hacemos para no mostrar esas emociones? Nos tensionamos muscularmente, y cuando este proceso se repite durante años y años, podemos llegar a no ser conscientes de ellas. En algunos institutos he visto a muchos chicos jugando a pegarse y no mostrar dolor. Y a hacer el amago de pegarse en la cara y ser capaz de no cerrar los ojos, de no mostrar miedo.

Por otra parte, reconocer que estás mal es reconocer que eres vulnerable. Y eso te acercaría más a las cualidades estereotipadas femeninas o de niños. Y, por otra parte, reconocer que tú sólo no eres capaz de solucionar este problema, significaría que eres débil y dependiente.

Otro aspecto relacionado, es el tema de los cuidados. No sólo el cuidado de personas dependientes, sino el cuidado de uno mismo: el autocuidado. Sí te gustaría que hablara sobre este tema en un futuro episodio no dudes en contactarme.


Resignificando la vulnerabilidad

Y para ir cerrando el episodio de hoy, me gustaría darle una vuelta a esa renuncia a lo femenino. Resignificando la debilidad y la dependencia para que sea visto como algo positivo.

Y es que hace falta mucho coraje y valentía para reconocer que somos vulnerables e interdependientes, que tenemos límites, saber cuándo hemos llegado a ellos, y pedir ayuda si es que la necesitamos.

Hombre en terapia

Lo que se esconde tras esa supuesta vulnerabilidad es una gran humanidad, una gran «animalidad». No somos máquinas, ni somos objetos insensibles.

Así que si te identificas como hombre y sientes que tu vida está estancada y cada vez sufres más, te animó a solicitar ayuda profesional: psicoterapia. Y si quieres aprender a tener un mejor contacto con tus emociones, y una relación más sana y cercana con otras personas independientemente de su sexo, te animó a profundizar en un proceso de coaching y crecimiento personal.

Ya que los hombres no somos agresivos, fríos, ni impacientes por naturaleza. Son todo conductas que podemos aprender. Será más o menos difícil, dependerá de cómo nos han educado y de qué experiencias de vida hemos tenido, pero el cambio siempre es posible.

Muchas gracias por llegar hasta el final de este episodio. Te invito a que lo compartas con otras personas que les puede interesar y que comentes en este artículo.

¡Cuídate mucho!

2 comentarios en «¿Por qué los hombres acudimos menos a terapia? – EP3»

  1. En ciertos momentos, podemos experimentar emociones negativas o angustiosas que no siempre sabemos manejar. No es necesario que ocurran grandes desgracias o cambios, muchas veces las presiones diarias ejercen un ligero efecto sobre nuestro estado de ánimo que, si se acumula, puede derivar en sentimientos o pensamientos negativos.

    Antes de que esto ocurra, es muy recomendable acudir a la consulta de un profesional en psicología que nos ayuda a explorar y manejar estos sentimientos contra los que estamos luchando.

    Responder
    • Así es, Rafael. Lamentablemente, en muchos casos no se suele recurrir a ayuda profesional hasta haber pasado muchos meses (o años) de sufrimiento. Y en el caso de los hombres diría que esto ocurre con mayor frecuencia, por los motivos aludidos en el episodio. Habrá que seguir haciendo sensibilización al respecto.
      ¡Muchas gracias por tu comentario!

      Responder

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