¿Coaching Psicológico? – EP2

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En el episodio 2 del podcast Psiconsejos vendo, en el apartado de coaching y con el título ¿Coaching psico-qué? hablaré sobre Coaching Psicológico.

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¡Salud, Coraje y Amor!

Transcripción del episodio:

Hola, en este episodio vamos a hablar sobre coaching psicológico o el coaching desde el punto de vista de la psicología. Hablaré sobre el papel esencial que creo que tiene la psicología dentro del coaching. Las diferencias y similitudes entre el coaching personal y la psicoterapia. Y en la parte final, quizá la más interesante, comentaré qué es el concepto de “flexibilidad psicológica”: qué habilidades psicológicas te pueden no sólo proteger de desarrollar trastornos de conducta, sino promover un mayor bienestar psicológico, sensación de vitalidad y realización personal.

No me quiero meter en una guerra con las personas que ejercen coaching sin haber estudiado psicología. Pero lo que sí quiero hacer es reivindicar, alto y claro, el papel de las psicólogas y psicólogos a la hora de ejercer el coaching. Ya que es una extensión natural de sus conocimientos y competencias en el mundo aplicado.

Procesos psicológicos del coaching

coaching psicologico

¿Y por qué digo esto? Porque creo que el coaching funciona y se explica en base a los procesos psicológicos que van por debajo: Las leyes del aprendizaje del conductismo, teorías sobre la motivación, establecimiento de hábitos y objetivos, gestión emocional, clarificación de valores o cómo cambiar actitudes. Todo ello son procesos que se han estudiado desde la psicología desde hace décadas.

Así que si una técnica o herramienta propicia el cambio de esa persona, se debe a que por debajo están aplicándose algunos de estos procesos psicológicos. Y ese cambio sucederá, lo sepa la persona que aplica esa técnica o no. Pero lo suyo sería que sepa por qué están funcionando las cosas, para ajustar o buscar alternativas cuando surgen dificultades (que casi siempre surgen).


Diferencias entre Terapia y Coaching

No, no. Lo que diferencia a las personas que acuden al coaching de las que acuden a una consulta de psicología, es sobre todo el grado de funcionalidad que tienen en su desempeño diario. En el caso de la consulta psicológica, se suele hablar más de pacientes y en el otro de cliente o coachee. Yo prefiero hablar de personas consultantes en ambos casos, ya que en ambos casos están estancadas en su vida. Aunque hay una diferencia en el grado de estancamiento, en el grado de funcionalidad que tienen. Y en lo crónicos que son los problemas que tienen y el número de ámbitos de la vida que resultan afectados.

En terapia, en general, no son tan funcionales en uno o más ámbitos de la vida. Pero realmente los procesos subyacentes, que están por debajo y que explican porque ambas personas están estancadas o porque no se produce un cambio en la dirección deseada, son similares en ambos casos, como veremos a continuación.


El continuo salud/bienestar – enfermedad/malestar

Difieren también, como he dicho, en la gravedad. En general, desde el coaching no se suelen tratar temas de salud que ya que entraría en las competencias de la psicología. Pero a veces no es tan sencillo delimitar entre salud y enfermedad. No soy muy amigo de los diagnósticos y mucho menos de los categoriales, donde si no cumples justo 1 síntoma o 2, ya no estás en esa categoría. Creo que entre la salud y la enfermedad hay un continuo mucho más gradual.

La importancia de evaluar y personalizar

Diferencias coaching terapia

Y por eso es importante realizar una buena evaluación inicial, para así poder personalizar el proceso: saber de dónde parte la persona, qué recursos y carencias tiene. Porque la alternativa sería establecer un programa, un protocolo cerrado, con unas herramientas que generalmente suelen funcionar en personas que están en la media. Pero que igual no funciona bien en la persona que acuda el servicio de coaching.

Sé de casos en los que una persona que se dedica a coaching exige que la persona que acude esté realmente comprometida con el cambio. ¿Qué ocurre con las personas que tienen problemas con ese compromiso para cambiar? ¿No se puede trabajar con ellas? Yo creo que sí, y sobre todo desde la psicología.

Entonces, recapitulando, en la sesión inicial es importante establecer cuáles son los objetivos de forma conjunta, pero también es muy importante evaluar dónde está esa persona, de donde parte, de qué carencias y de qué recursos dispone. Y creo que una persona profesional de la psicología tiene competencias para hacer todas esas tareas.

Diferencias en duración

Sí, en general sí, pero algunas veces desde el coaching se hace una especie de parodia de la psicoterapia. Como que nos centramos en el pasado, que son terapias que duran varios años, etcétera. Algo tan lejos de buena parte de la realidad actual. Al menos desde el modelo en que trabajo yo, que es con la terapia de aceptación y compromiso y las terapias contextuales. Ya que nos centramos sobre todo en evaluar qué aspectos mantienen la problemática actual, en el presente, y realizar cambios en base a ellos. Suelen ser terapias de corta duración y siempre individualizada.

Pero sí es cierto que, como he dicho antes, la funcionalidad, gravedad y cronicidad de los problemas es distinta en una persona que acude a la psicoterapia y también la duración. Si en el coaching desde 2 a 8 sesiones, nos podemos mover en esos rangos, dependiendo siempre del del objetivo y de dónde parte la persona. En cambio, en psicoterapia la media serían 8-10 sesiones y en casos graves de depresión nos podemos ir a más de 20 sesiones, fácilmente.


Parecidos entre Terapia y Coaching

En ambos casos se trabaja desde la conversación, sobre todo, y se utilizan tareas fuera de las sesiones. En ambos casos es importante desarrollar una buena alianza, hacer un buen equipo con la persona. En ambos casos el protagonismo lo tiene la persona consultante. Y además, en ambos casos se trabajan procesos psicológicos similares, en distinta profundidad seguramente. Pero temas de gestión emocional, fusión con pensamientos que dificultan el cambio, etcétera, suelen ser necesarios en ambos casos.


¿Y por qué está de moda el coaching?

Por una parte, creo que es porque se distancia de la terapia y del estigma que tiene acudir a la consulta psicológica. Ya que ir la terapia es reconocer primero que estás mal, y segundo que necesitas ayuda. En cambio, acudir a un servicio de coaching sería más como quiero mejorar mi desempeño/funcionamiento y lograr la excelencia. Cosas que están mejor vistas a nivel social.


¿Si quieres, puedes?

si quieres puedes

Otro aspecto que me gustaría destacar, es el de «si quieres, puedes». No voy a decir que esté generalizado en todo el coaching, pero sí en parte. Sobre todo en el ámbito empresarial, de consecución de objetivos, etcétera. Y debajo de ello hay una meritocracia muy individualista: «hasta donde yo llegue depende de mi esfuerzo«.

Frente a el «todo depende de mí y de mi actitud» y «el contexto en el que vivo es lo que marca y limita hasta dónde puedo llegar«, entre esos 2 polos, yo creo que hay un margen amplio en el que se puede trabajar cosas. Cosas que puede realmente cambiar la persona, para mejorar. Pero sí creo que es necesario tener una sensibilidad respecto a la importancia que tiene el contexto, las experiencias de vida, los apoyos y barreras que tiene la persona. Para poder así, establecer unas metas realistas, que no sobrecarguen o culpabilicen a la persona si no los alcanza.

Por ejemplo, si quieres emprender un negocio, no es lo mismo que tu familia te apoye a que no tengas apoyo económico. No sería lo mismo que no tengas que pagar un alquiler, que tengas que hacerlo. No es lo mismo que tengas criaturas a tu cargo o no, de cara al tiempo del que dispones. No es lo mismo que tengas una red extensa de personas, o que seas una persona migrante en el país, que todavía no ha podido construir esa red de apoyo.

Y creo que las profesionales de la psicología, en general, sí que tenemos una mayor sensibilidad a ese contexto socioeconómico y cultural.


Coaching Psicológico

Pues antes de entrar en el tema, me gustaría reconocer que es verdad que, en general, la psicoterapia se ha centrado históricamente más en lo patológico, en el trastorno, en la «enfermedad». Pero desde hace décadas se han propuesto ya varios modelos transdiagnósticos: ver qué tienen en común distintos trastornos, qué procesos psicológicos están debajo y que muchos comparten. Y se ha visto no son sólo lo que muchos trastornos comparten, sino que esos procesos nos ayudan también a establecer un continuo desde el trastorno en un polo, al bienestar y salud en el otro polo.

Cuanto menos habilidades psicológicas tengas, más posibilidades tendrás de desarrollar un trastorno psicológico y este será de mayor gravedad. Por contra, cuantas más habilidades psicológicas desarrolles, más te acercabas a ese polo de la salud, bienestar psicológico, sensación de vitalidad y de realización.


El modelo de la terapia ACT

Y para ir terminando, me gustaría centrarme un poco más en el modelo en el que trabajo: el modelo ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso) que es una terapia contextual y de 3ª generación, con orígenes en el conductismo radical. La hipótesis en la que se basa es que nos enredamos en procesos circulares que nos dan un alivio emocional inmediato, pero que por contra nos alejan de vivir una vida valiosa. Y nos enredamos porque nos fusionamos con ciertas emociones y pensamientos.

El antídoto no sería tanto cambiar esos pensamientos o emociones para poder avanzar, sino aprender una forma diferente de relacionarnos con ellos. Partiendo siempre de la premisa de que es normal tener emociones y pensamientos desagradables. Y que cuando aparecen, no tienen por qué tener tanto control sobre nuestras vidas.


Flexibilidad Psicológica

Y esto es lo que se conoce como flexibilidad psicológica. Esta flexibilidad sería la «habilidad de estar en el momento presente, con una postura de apertura hacia sea lo que sea que estás experimentando en ese momento, a la vez que actúas conforme a tus valores«. Explicando esto un poco más. Se trata de habilidades psicológicas que se aprenden mediante la práctica continuada. Es decir, no es suficiente con «entenderlas». Sería como tratar de aprender a andar en bici simplemente leyendo cómo hay que hacer para mantener el equilibrio. Cuando realmente se trata de un aprendizaje experiencial.

6 habilidades, 3 posturas de la flexibilidad psicológica

La flexibilidad psicológica se compone de 6 procesos de los que hablaré en episodios futuros. Y pueden resumirse en 3 posturas de las que hablaré brevemente ahora. Estas 3 posturas serían:

Coaching psicológico
  1. La postura abierta
  2. La postura centrada
  3. La postura comprometida.

1. Postura abierta

Vamos con la primera. En la postura abierta eres capaz de tomar distancia y desengancharte de las emociones y pensamientos que se interponen en tu camino a la hora de actuar según tus valores. Eres capaz de hacer espacio a tus pensamientos y emociones, dejándolos fluir a su ritmo, sin luchar contra ellos. Recuerdo que en el episodio de ansiedad ya vimos cómo esa lucha/huida/control de la ansiedad es lo que podía provocar que aumentará la ansiedad.

Así, por ejemplo, cuando nos fusionamos con una emoción como puede ser el miedo, o un pensamiento como «no puedo más», «esto es demasiado difícil para mí», nuestro comportamiento se vuelve rígido. Nos ponemos en modo «controlar esa emoción/pensamiento», como si hasta que no «resolvamos» esa emoción/pensamiento desagradable, no pudiéramos seguir adelante con nuestra vida.

Por contra, al aprender a desengancharte, puedes seguir sintiendo esa misma emoción o teniendo ese mismo pensamiento, con ese mismo contenido («no puedo más, es demasiado difícil para mí»), pero ya no controla tu conducta. Si no que puede seguir enfocándote en hacer aquello que valoras.

2. Postura centrada

En la postura centrada eres capaz de conectarte plenamente con tu experiencia en el aquí y ahora. Centrando toda tu atención en la tarea que tienes en tus manos. Tomas conciencia de tus sensaciones y de tus pensamientos, pero no te dejas arrastrar hacia el pasado o hacia el futuro, ni desconectas de lo que estás haciendo.

Así, logras disfrutar más de lo que estás haciendo, tienes una mayor conexión si estás en relación con una persona, y cometes menos errores a la hora hacer las tareas.

3. Postura comprometida

Aquí eres capaz de saber lo que valoras y lo tienes siempre presente. Eres capaz de mantener el rumbo hacia la dirección que valoras, y de mover el timón cada vez que te desvías un poco. Eres capaz de establecer objetivos que te permiten avanzar, y de aprender habilidades que no tienes para poder alcanzarlos.

En un episodio de futuro haré una distinción entre los objetivos y los valores. Por ahora, solo me gustaría resaltar que los valores siempre los tenemos accesibles y son así, una fuente inagotable de motivación.


Serenidad, valor y sabiduría

Para terminar, me gustaría rescatar una frase que seguramente has leído/escuchado en más de una ocasión:

«Concédeme la serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar. Valor para cambiar las cosas que sí puedo cambiar. Y sabiduría para reconocer la diferencia

La parte de serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, se correspondería a la postura de apertura. Y eso que no puedo cambiar serían las emociones o pensamientos desagradables que tengo.

El valor para cambiar las cosas que sí puedo cambiar, se referían a lo que puede hacer con mis manos, mis pies y mi voz. Y se correspondería también a la postura de compromiso: compromiso con mis valores y de avanzar hacia ellos.

Y la parte de la sabiduría para reconocer la diferencia entre un caso y otro, se correspondería más bien a la postura centrada. Esa sabiduría vendría de la mano de una mayor atención al presente, y de una mayor conciencia de mis procesos internos.


Despedida

Pues bueno, muchas gracias por haber llegado hasta aquí. En futuros episodios iré desgranando estas ideas, así como maneras de desarrollar y potenciar estas habilidades. Espero que te haya gustado, y si es así, compártelo y recomiéndalo. Nos vemos en 2 semanas hasta entonces ¡cuídate mucho!

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