Nota: Este contenido es puramente divulgativo. No constituye un diagnóstico ni reemplaza la terapia psicológica personalizada.

Causas del episodio depresivo: por qué nos deprimimos

Última revisión: 28 de junio de 2026 · Contenido revisado por Iñaki Sainz Moncalvillo, psicólogo colegiado n.º BI05347 (COP Bizkaia)

La explicación habitual de la depresión —que es un desequilibrio de serotonina que hay que corregir con medicación— tiene más de convención cultural que de evidencia sólida. La realidad es que no existe ningún biomarcador que confirme un estado depresivo, y que sus causas son múltiples e interactúan entre sí. En este episodio exploro qué es un episodio depresivo, qué lo desencadena y por qué se mantiene, desde un modelo que va más allá de la química cerebral.

En consulta, lo que más llama la atención cuando alguien llega deprimido no son sus pensamientos negativos. Son las cosas que ha dejado de hacer: las salidas canceladas, las aficiones abandonadas, el repliegue progresivo hacia un mundo cada vez más pequeño. Ese repliegue —que empieza como una respuesta lógica al dolor— acaba siendo uno de los principales factores que mantiene la depresión. Es uno de los patrones más frecuentes que veo en consulta en Bilbao y en sesiones online con personas de toda España.

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Causas del episodio depresivo: por qué nos deprimimos
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📌 Resumen rápido
  • La depresión no tiene una causa única. Se desarrolla cuando confluyen factores genéticos, un contexto con pocos reforzadores o muchos estresores, y un patrón de conductas —evitación, aislamiento, inactividad— que terminan por mantenerla.
  • No existe ningún biomarcador que la confirme: el diagnóstico se basa en el comportamiento observable.
  • Los pensamientos negativos y el bajo estado de ánimo son parte del cuadro, no la causa.
  • Lo que más pueden modificar las personas es lo que hacen, aunque hacerlo sin ganas sea difícil.

¿Qué es un episodio depresivo?

Un episodio depresivo es el período durante el cual una persona experimenta un conjunto de síntomas depresivos con la intensidad y la duración suficientes como para alterar su funcionamiento cotidiano. No se trata de tristeza puntual ante una pérdida —eso es una respuesta completamente normal—, sino de un estado que se sostiene en el tiempo e impacta en distintas áreas de la vida.

Para hablar de episodio depresivo mayor, los criterios diagnósticos del DSM-5 y la CIE-11 exigen que los síntomas estén presentes la mayor parte del día, casi todos los días, durante al menos dos semanas, y que incluyan al menos uno de estos dos síntomas nucleares:

  • Estado de ánimo deprimido: tristeza persistente, sensación de vacío, desesperanza
  • Anhedonia: pérdida del interés o de la capacidad de disfrutar de actividades que antes generaban placer

Junto a estos, pueden aparecer fatiga o pérdida de energía, alteraciones del sueño o el apetito, dificultad para concentrarse, sentimientos de inutilidad o culpa excesiva, y en los casos más graves, pensamientos recurrentes sobre la muerte o el suicidio.

Tipos de episodios y trastornos depresivos

Un episodio depresivo puede ser único o recurrente. Según el patrón y la intensidad, se enmarca en distintos trastornos:

  • Trastorno de depresión mayor: uno o más episodios de al menos dos semanas con síntomas suficientemente intensos.
  • Distimia o trastorno depresivo persistente: estado depresivo crónico de menor intensidad que se mantiene durante más de dos años.
  • Depresión postparto: episodio depresivo mayor en el período perinatal.
  • Trastorno afectivo estacional: patrón recurrente de episodios asociados a determinadas épocas del año.

El trastorno bipolar incluye también fases depresivas, pero es un cuadro clínico diferente que no abordo en este episodio.

Si lo que describes al leer esto tiene un parecido demasiado cercano con tu situación y llevas un tiempo así, puede que valga la pena hablarlo.

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La depresión en las terapias contextuales

Desde los modelos contextuales, la depresión no se define como “algo que la persona tiene”, sino más bien como “una situación en la que la persona está”. En concreto, una situación en la que la persona recibe pocas gratificaciones. O en la que las gratificaciones recibidas han dejado de tener el efecto reforzante que albergaban antes.

Así, las causas de un estado depresivo no habría que buscarlas tanto en el “interior” de las personas (pensamientos negativos o desequilibrios en neurotransmisores), sino en el contexto en el que se encuentra.

Cómo se diagnostica: sin biomarcadores

¿Existe algún marcador biológico que así nos lo indique?

biomarcador depresión

No, no existe ningún marcador fisiológico que confirme que una persona está en un estado depresivo.

¿A qué me refiero con marcador biológico? A una característica que puede ser objetivamente medida: por ejemplo, la temperatura corporal, el hierro en la sangre, la tensión arterial, los niveles de serotonina en cierta parte del cerebro, entre otros parámetros medibles.

Se han estudiado varios biomarcadores relacionados con la depresión: niveles de serotonina, dopamina o cortisol. Pero a día de hoy no existe ningún biomarcador que nos permita conocer si una persona está deprimida o no.

Lo que sí sabemos es que cuando una persona está deprimida, suceden cambios en su cerebro.

Pero la pregunta sería: ¿Esos cambios son la causa de la depresión, o son la consecuencia? ¿Se han producido antes y han propiciado la aparición de la depresión? ¿O han sucedido después debido al contexto depresivo en el que la persona está?

Volveremos a esto más adelante.

Correlación y causalidad

Antes de seguir, creo que es necesario explicar 2 conceptos: Correlación y causalidad.

La correlación mide la asociación entre 2 variables. En qué grado las variables varían de forma conjunta, a la vez.

Muchas veces, cuando vemos que dos cosas varían a la vez, pensamos que una es la causa de la otra. Pero la correlación no nos dice nada sobre la causa. Solo nos indica que varían a la vez. Podría ser que:

  • A fuera la causa de B. Es decir, que cambios en A producen como efecto cambios en B.
  • O que B fuera la causa de A.
  • Pero también puede suceder que otra Variable C fuera la causa de A y/o B.
correlacion causalidad

Ejemplo: estatura y peso

Estatura peso

¿Existe relación entre estas variables? Para saberlo podemos elegir a una persona y medirla y pesarla cada día. Desde que nace hasta que muere. Y veríamos que sí, que a medida que crece, también tiende a aumentar de peso. Y viceversa, cuando aumenta de peso, igualmente tiende a crecer en altura.

Pero esto sucede solo en los primeros años de vida. Ya que cuando alcanzamos nuestra altura máxima, podemos seguir teniendo cambios en el peso. Pero estos ya no correlacionarían con la altura.

Hay muchos ejemplos curiosos sobre correlaciones casi perfectas en las que está claro que ninguna variable es la causa de la otra.

Por ejemplo, el número de escuchas de una canción navideña correlaciona con los casos de gripe. “El consumo de margarina por los ciudadanos de Estados Unidos se relaciona con la tasa de divorcios en el estado de Maine.

Así, que dos variables tengan relación no nos dice nada sobre las causas.

¿Entonces cómo podemos saber si una persona está deprimida?

Pues muy fácil, basándonos en el comportamiento de la persona. Observando lo qué hace o deja de hacer. Con qué frecuencia, con qué intensidad y con qué duración.

Así, una persona en estado depresivo realiza en exceso, lo que se conoce como conductas depresivas. Por ejemplo: llorar, quedarse en casa, mostrar facies triste (cara triste, cabeza baja), tener pensamientos de fracaso, manifestar cansancio, apatía. Es especialmente relevante cómo afecta a su funcionamiento diario.

Entre los síntomas más característicos destacaría la anhedonia (dificultad para disfrutar de actividades que previamente le proporcionaban placer) y la baja energía.

¿Y cómo sabemos que ha dejado de estar deprimida?

Pues igual que antes. No utilizamos ningún biomarcador ni imágenes cerebrales. Sabemos que ya no está deprimida porque ha reducido las conductas antes comentadas y ha recuperado su funcionamiento en distintas áreas vitales.

¿La depresión tiene causas genéticas?

Sí, se ha probado la influencia de la herencia genética en estudios con personas gemelas. Aunque no se sabe por medio de qué vías influye.

Eso sí, muchas veces confundimos origen genético con predeterminación. ¿Significa que si tu madre ha estado deprimida, tú también vas a estarlo? No, tendrás una mayor predisposición, una mayor vulnerabilidad biológica, pero no estás predeterminada.

Y si tus progenitores no han sufrido depresión, ello tampoco te garantiza que no llegarás a desarrollarla algún día, si te mantienes en un contexto muy adverso.

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Causas de la depresión: modelo multicausal

Como vemos, la depresión es un trastorno complejo y multicausal. Con multicausal me refiero a que se puede llegar a desarrollar una depresión por distintas vías o causas. Algunas con más peso que otras, y con diferencias entre cada caso particular. Y como vimos en el episodio anterior, la biología y los aprendizajes que ha tenido una persona interactúan entre sí.

por qué nos deprimimos

A la hora de explicar estas interacciones en el caso de la depresión, me parece interesante el Modelo biográfico y transaccional de Ernesto López y Miguel Acosta.

Es biográfico en el sentido que tiene en cuenta la historia de aprendizaje, las experiencias de vida de la persona.

Es transaccional en la medida en que tiene en cuenta el contexto en el que la persona se encuentra. Así como la interacción entre esa historia del aprendizaje y el contexto actual a la hora de entender cómo se desarrollan los problemas psicológicos.

Entre los elementos que tienen en cuenta se encuentran: En la parte del contexto y como antecedentes: los acontecimientos adversos y las fuentes de gratificación (lo que da vitalidad).

En lo referente a la persona: cómo percibe, qué siente, qué piensa, qué cambios fisiológicos tiene y qué hace finalmente (cómo actúa) en ese contexto de sensaciones/pensamientos.

Y volviendo al contexto externo, qué consecuencias tiene lo que la persona hace.

Vamos a ir una por una, viendo cómo se interrelacionan.

Acontecimientos adversos

Acontecimientos adversos que suelen suceder antes de desarrollar episodios depresivos: pérdidas significativas (muertes de seres queridos, separaciones, perder el trabajo), enfermedades, maltrato, abuso, fuentes de estrés crónico sobre las que no se tiene control.

Puede ser un acontecimiento puntual (ruptura sentimental, problemas económicos) o crónico (dolor crónico, mobbing, acumulación de pequeños estresores).

Que suceda una situación dolorosa no implica que desarrolles una depresión. El duelo ante una pérdida es completamente normal. Y muchas personas viven situaciones complicadas y no acaban deprimidas.

Fuentes de gratificación

Puede suceder que las fuentes de gratificación sean escasas dentro del contexto en el que está (recibe muchos castigos y pocos refuerzos, por ejemplo relación de maltrato o cárcel).

Puede suceder asimismo que esas fuentes de gratificación sean de difícil acceso para la persona. Por ejemplo, por falta de habilidades o porque no conecta con ellas: rumia, ansiedad, no está en el presente. Esto último tiene que ver con el comportamiento de la persona y se puede modificar.

Vamos ahora a la parte de persona, que tiene que ver con su biografía vital.

¿Cómo percibimos esos antecedentes?

Por nuestra historia de vida, hemos podido aprender a prestar más atención a los sucesos negativos que a los positivos. A centrarnos más en los errores que en los aciertos. O a atribuirnos los fracasos y creer que nuestros éxitos se deben a causas externas a nosotras, como la suerte. Aquí también se pueden realizar otro tipo de aprendizajes.

¿Cómo nos sentimos?

La consecuencia afectiva típica tras un acontecimiento adverso puede ser: Tristeza, ansiedad, culpa, sentimientos de desesperanza, pérdida de interés y capacidad de disfrute, irritabilidad.

Estas emociones influyen en cómo actuamos (qué hacemos o dejamos de hacer). Pero como vimos en el episodio 5 sobre aceptación, no controlan nuestros actos. Puesto que es posible hacer algo sin ganas. Lo que sí es cierto es que cuanto más intensas son esas emociones, más tendemos a actuar basándonos en ellas.

Otro aspecto es que las emociones no se mantienen indefinidamente. Tienen un inicio y un final. Si se mantienen en el tiempo tiene que ver también con lo que hacemos o dejamos de hacer.

Por ejemplo: evitamos cosas que nos aportarían gratificaciones y mejorarían nuestro estado de ánimo. Aquí vemos que la influencia entre sentir y hacer es mutua. Pero tenemos más capacidad para alterar lo que hacemos que para modificar lo que sentimos.

Las emociones también influyen en los pensamientos que tenemos. Se ha demostrado que el estado de ánimo condiciona qué recuerdos son más accesibles.

Pero igual que anteriormente, el estado de ánimo tampoco sería la causa de la depresión: podemos ir a una fiesta aunque estemos tristes, porque seguimos teniendo el control de pies, manos y voz. Me refiero a que no es necesario dejar de tener un estado de ánimo bajo para poder activarte.

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¿Qué pensamientos tenemos?

El trío de pensamientos automáticos típicos de la depresión que proponía Aaron Beck:

  1. Visión negativa sobre una misma.
  2. Visión negativa sobre el futuro.
  3. Visión negativa sobre el mundo en general.

Y también ideas de suicidio y muerte.

Pensamientos depresivos

Los pensamientos negativos también influyen en nuestro estado de ánimo cuando nos fusionamos con ellos (cuando nos los tomamos al pie de la letra).

Un caso típico suele ser la rumia sobre el pasado, donde la persona está dándole vueltas a pensamientos dolorosos tratando de pensar qué podía haber hecho diferente.

En ese estado de fusión, ensimismada y desconectada del mundo, es difícil disfrutar las gratificaciones que el contexto puede estar brindándote.

Igual que con el estado de ánimo, podemos aprender una forma más sana de relacionarnos con estos pensamientos, de forma que no influyan tanto en lo que hacemos (lo veremos en el siguiente episodio).

Los pensamientos tampoco son la causa de la depresión, en el sentido de que podemos seguir teniendo pensamientos automáticos negativos, y ser capaces de no luchar contra ellos y hacer algo valioso con nuestra vida.

Aprende «Cómo tomar distancia de los pensamientos problemáticos«.

Cambios fisiológicos

Alteraciones neuroendocrinas que afectan al sueño, al apetito, a la falta de energía. Suelen aparecer según la depresión va desarrollándose.

Son más bien una consecuencia del estado depresivo, pero cuando aparecen afectan al estado de ánimo (si se duerme poco), o influyen en la evitación de actividades por la poca energía.

También aparecen cambios cerebrales que dificultan nuestra capacidad para concentrarnos y tomar decisiones.

¿Qué hacemos, cómo actuamos?

Y por último, pero muy importante, qué hace la persona: Aquí suelen aparecer acciones como aislarse socialmente, evitar actividades, inactividad, quejarse, aumentar el consumo de alcohol, etc.

Es relevante señalar que la persona no actúa en un vacío. Lo hace en relación con lo que siente y piensa y sus experiencias de vida. Y como veremos en la segunda parte de este episodio, aquí es donde ponen el foco las terapias contextuales.

¿Qué consecuencias tienen esas acciones?

Algunas son contraproducentes, ya que reducen las posibles consecuencias gratificantes que podría recibir la persona (al evitar hacer actividades potencialmente agradables o al evitar estar con gente). Esto puede suponer un deterioro de las relaciones sociales con el consiguiente impacto negativo a medio plazo.

¿Y por qué haría alguien algo tan contraproducente?

Porque actúan fusionadas con emociones y pensamientos. Y al evitar ciertas situaciones obtienen un alivio temporal. O al estar dándole vueltas a un pensamiento sienten que están ocupándose del problema.

En el primer caso, es fácil que tras ese alivio aparezcan otras emociones como la culpa o pensamientos sobre su poca valía, y ello incide en su bajo estado de ánimo. En el segundo caso, el estar tanto tiempo rumiando le mantiene a la larga en contacto con emociones dolorosas.

Por otra parte, también es posible que tengan algunas ganancias como recibir más atención social debido a sus quejas. O conseguir librarse de alguna tarea o responsabilidad que les genera ansiedad.

aislarse depresión

¿Significa eso que la persona sigue deprimida por interés?

No, ni mucho menos. Ninguna persona elige mantenerse deprimida, teniendo en cuenta el sufrimiento tan grande que conlleva. Pero, a veces, según el caso, puede ayudar que las personas de alrededor dejen de prestar tanta atención a las quejas de la deprimida.

Cómo vemos, lo que la persona hace tiene bastante que ver con que la depresión se desarrolle y se mantenga en el tiempo. Pero no todo depende de la persona.

Conviene recordar que viviendo en un contexto muy adverso durante suficiente tiempo, todo el mundo acabaría en un estado depresivo.

Ansiedad y depresión: por qué van juntas

Para terminar me gustaría explorar muy brevemente la relación entre ansiedad y depresión. Debido a que en muchas ocasiones se dan ambos trastornos a la vez. Lo cual puede parecer paradójico, ya que a nivel de actividad podríamos pensar que están en extremos opuestos: Con ansiedad no puedes parar quieto y con depresión estás pasiva e inactiva.

ansiedad depresión

Entre los síntomas de la depresión aparecen algunos extremos: Hay personas que tienen un enlentecimiento al hablar y moverse. Mientras que otras tienen inquietud y agitación motora.

También hay otras que pierden el apetito, mientras que otras comen más. Lo mismo ocurre con el sueño.

Existen estudios que indican que la ansiedad suele aparecer antes que la depresión. Cuando se mantiene un estado ansioso durante mucho tiempo, la persona comienza a desgastarse físicamente debido al cortisol. Y como no consigue solucionar los problemas por más que se esfuerce, es posible desarrollar una “indefensión aprendida”: Haga lo que haga da igual, no tengo ningún control sobre los resultados. Casi mejor, no hacer nada… lo cual se va pareciendo más a un contexto depresivo.

Una hipótesis es que síntomas como la agitación motora, el aumento de apetito y el insomnio indicarían una mayor presencia de ansiedad cronificada.

También es posible que los síntomas extremos se deban a distintas fases de la depresión o a que se ha desarrollado por distintas vías.

Todavía nos quedan muchas cosas por descubrir.

Preguntas frecuentes sobre la depresión

¿La depresión tiene causas genéticas?

Sí. Los estudios con gemelos demuestran que existe un componente hereditario. Pero tener antecedentes familiares no significa estar predeterminado a deprimirse: indica una mayor vulnerabilidad biológica. Del mismo modo, no tener antecedentes no garantiza no desarrollarla si el contexto es suficientemente adverso durante tiempo prolongado.

¿Cuáles son los efectos de la depresión en el cuerpo?

  • Alteraciones del sueño (insomnio o hipersomnia)
  • Problemas digestivos y cambios en el apetito
  • Dolor físico crónico sin causa aparente
  • Debilitamiento del sistema inmunológico
  • Mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares
  • Fatiga persistente y sensación de pesadez
  • Disminución del deseo sexual
  • Tensión muscular y dolores de cabeza
  • Problemas dermatológicos
  • Alteraciones hormonales (especialmente cortisol y melatonina)

¿Ansiedad y depresión son lo mismo?

No, aunque con frecuencia coexisten. La ansiedad implica activación y anticipación de amenazas; la depresión, retirada e inactividad. En muchos casos la ansiedad sostenida durante tiempo actúa como precursora de la depresión, a través de un proceso de desgaste que puede derivar en indefensión aprendida.

¿Es posible tener depresión sin tristeza?

Sí. La tristeza es el síntoma más reconocible, pero no es imprescindible para el diagnóstico. La anhedonia —la pérdida del interés o la capacidad de disfrutar— puede ser el síntoma predominante. También son frecuentes la irritabilidad, la fatiga persistente y la dificultad para concentrarse, sin que necesariamente haya llanto o tristeza evidente.

¿Cuánto dura un episodio depresivo?

Los criterios diagnósticos exigen al menos dos semanas para hablar de episodio depresivo mayor. En la práctica, la duración media de un episodio no tratado suele ser de varios meses. Con tratamiento psicológico adecuado —especialmente Activación Conductual y ACT—, la mejoría significativa suele notarse en semanas, aunque la recuperación completa es un proceso gradual.

Si reconoces en este modelo tu propia situación y llevas tiempo en ese ciclo de inactividad, puede que valga la pena hablarlo con alguien.

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Ver cómo trabajo la depresión

No te pierdas la segunda parte del episodio, titulada «Cómo salir de una depresión«.

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Iñaki Sainz Moncalvillo - Psicólogo en Bilbao

Sobre Iñaki Sainz Moncalvillo

Psicólogo Grado en Psicología ( n.º BI05347 , Colegio Oficial de Psicología de Bizkaia )

Especialista en terapias contextuales (ACT, Activación Conductual y FAP) y miembro de la ACBS (Association for Contextual Behavioral Science). Más de 1.800 sesiones de psicoterapia. También trabajo la influencia del género en la salud mental. Atención presencial en Bilbao y online para toda España.

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